Kioto o el puro sabor a Japón

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Si hay una ciudad que sabe a Japón esa es Kioto. Será porque albergó durante más de 1100 años la capital del Imperio Japonés (Palacio Imperial), o porque fue la única ciudad importante que los EE.UU. no arrasaron durante la II Guera Mundial, Kyoto combina en una misma ciudad lo típico y tradicional de la cultura japonesa, con la modernidad, con lo más vanguardista en diseño ytecnología del mundo. Por eso es una ciudad única. Se hizo muy popular debido al famoso Protocolo de Kioto, una asamblea a nivel mundial, donde se intentó “salvar” al planeta Tierra de la contaminación y discutir sobre el cambio climático. La gran mayoría de sus monumentos, incluidos sus dos barrios antiguos Gionpontochô, fueron declarados por la UNESCOPatrimonio de la Humanidad, en 1994.

Visitar Kioto significa convertirnos en Japoneses en la Alambra, es decir, tirar de cámara y maravillarse de todo a tu alrededor. Más de 2000 templos, con el kinkaku-ji (Templo Dorado) como símbolo de la ciudad, más otros 17 templos, palacios, jardines y monumentos que se consideran Patrimonio de la Humanidad y que se establecen como centro cultural y religioso de primer orden en el Japón, da para mucha tarjeta de memoria.

Con la proximidad del aeropuerto internacional de Osaka a pocos Km, y la red de ferrocarriles y carreteras, hacen muy fácil la comunicación de Kioto. Podemos alojarnos en uno de los numerosos hoteles, pero sería una suerte encontrar disponible alguna casa del barrio de Gion, pues no es raro poder disfrutar de alguna de las numerosas actuaciones en el Teatro y tropezarnos con algunasgeishas de regreso a la pensión o a la casa alquilada. En cuanto a museos, los tenemos tan particulares como el Museo Internacional del MangaMuseo de la Locomotora de vapor de Umejoki, Museo de Historia de Ryozen o el Museo Nacional de Kyoto. Para niños y grandes, el Zoológico Municipal, el segundo de Japón en antigüedad. Otros lugares destacados son el Castillo Fushimi-Momoyama, la moderna Torre de Kioto, el Jardín de Bellas Artes o las Villas Imperiales. Y me he quedado corto. Lo dicho: se necesita de una cámara con mucho disco duro (o carretes) y bastantes días para poder visitar tanta maravilla en una ciudad milenaria y, al mismo tiempo, moderna como Kyoto.

Toni Ferrando.

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