Nagasaki, ciudad cosmopolita y puerto de cruceros

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Mencionar de Nagaski es recordar automáticamente el trágico episodio del lanzamiento de la bomba atómica Fat Boy el 9 de agosto de 1945, que destruyó la mitad de la ciudad, provocó casi 75.000 muertes y dejo cicatrices que aún son visibles hoy en día. Pero Nagasaki, lejos de ser una ciudad “víctima”, es una ciudad que se ha reconstruido por completo, mantiene el recuerdo del suceso con un monumento a la paz y un museo temático. Pero ha continuado adelante experimentando un espectacular desarrollo.

Nagasaki se encuentra en el extremo sudoeste de Japón, donde el mar de Japónpierde su nombre y pasa a ser el mar de China, en la isla de Kyushu. Pasó de una pequeña villa portuaria a un importante puerto comercial cuando en siglo XVI, los misioneros portugueses establecieran sus contactos de intercambio y de evangelización, que también acabaron trágicamente al ser ordenada la erradicación del cristianismo por el señor feudal promotor de la unificación de Japón, Toyotomi Hideyosi: 26 misioneros fueron ejecutados, hoy en día se les ha consagrado una catedrañ y la fecha del 5 de febrero se recuerda como la de la “Ejecución de los 26 santos”.

La convivencia entre las distintas razas en Nagasaki: chinos, portugueses y holandeses le ha valido el sobrenombre de la “ciudad de la atmósfera exótica”; el mestizaje entre la cultura oriental y occidental es visible en obras de arte, artesanía, arquitectura y en sus festivales, llamados matsuri, con coloridos desfiles.

La Nagasaki contemporánea es una ciudad moderna, muchos la consideran la ciudad más hermosas y cosmopolitas de Japón, también es la ciudad con más cristianos de Japón. Económicamente destaca por su industria pujante en los sectores naval y pesquero y además se ha convertido en uno de los principales destinos para el turismo exótico occidental, de hecho su puerto goza de una gran inluencia en el sector crucerístico y es puerto base y de escala para los grandes hoteles flotantes de las principales navieras del mundo.

Marga G.-Chas Ocaña

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