Nara, la cuna de Japón

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Nara es la capital histórica de Japón, la primera, allá por el año 710 y lo fue durante más de un milenio (Nara es su nombre actual, antes fue conocida como Heijo). Además es la cuna de lo más arraigado y tradicional de la cultura japonesa, el arte y la literatura y cuando dejó de ser capital oficialmente, pasó a ser residencia de los emperadores, por los que su legado siguió perpetuándose hasta convertirse en la histórica ciudad que es en la actualidad, con un gran número de monumentos y templos.

En Nara podemos ver vestigios de su historia, ya que aún siguen en pie construcciones del siglo VIII, como el Templo Todaji, edificado para ser la cabeza espiritual de Japón, es uno de los templos principales de´l país y en el que reside el Budha de mayor tamaño, Daibutsu, de casi 15 metros de altura. Frente a él está el Parque Nara, curioso porque en él pueden verse manadas de ciervos sueltos, ya que estos animales se consideran los mensajeros de Budha.

Otro de los templos destacables es el Templo Horyuji (Templo de la Ley Floreciente), que fue seminario y monasterio y constituy el etemplo de madera de mayores dimensiones de Japón, construido por el príncipe Shotoku, a quien se le atribuye la introducción del budismo. Ha sido designado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y está catalogado como Tesoro Nacional.

En el área de Horyu-ji podemos visitar algunos monumentos que son considerados los primeros Patrimonios Mundiales de Japón. El Templo de Horyuji, está considerado la construcción de madera más antigua del mundo y en su recinto hay otros 190 objetos designados como Tesoros Nacionales y varios monumentos budistas construidos entre los siglos VII y XII.

Otra de las capillas más visitadas es Kasuga Taisha, construida por una de las familias más influyentes de Japón durante el periodo Heian para el culto a la deidad protectora de la ciudad. En ella se celebra dos veces al año una fiesta muy popular, la de los farolillos y se practica habitualmente el yabusame (tiro con arco).

Hay otros muchos templos, residencias y viviendas tradicionales que se pueden visitar, algunas de ellas de acceso gratuito.

Marga G.-Chas Ocaña

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